Cambios de personalidad en la adultez Want to do video sex chat now

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Dichos lugares implican un acceso diferenciado entre las personas a la toma de decisiones, a la autonomía y la posibilidad de desarrollo.

Desde la segunda mitad del siglo veinte se desarrollaron corrientes de pensamiento que cuestionaron la supuesta «base natural» de estas nociones y conceptos (definida por su proceso psicobiológico, independientemente de los condicionamientos históricos, económicos y culturales que la producen), entre los que se incluyen el género, la etnia, la preferencia sexo-afectiva y la juventud, entre otras.

Esta perspectiva es determinante en definir las características «normales» y «anormales» en el comportamiento de una «persona joven o adolescente».

En esta definición se presenta una clara diferenciación de género, que responde a los roles tradicionales, por ejemplo, al considerar que una joven sana debe tener expectativas definidas y claras tendientes hacia la maternidad (anteponiendo la maternidad a la sexualidad), la pasividad sexual, la formación de la familia, el cuidado de los otros.

Tanto Hall como Ana Freud, influida por éste, definieron a la juventud como un fenómeno universal caracterizado por una serie de cambios físicos y psicológicos, por fenómenos de rebelión y diferenciación de la familia de origen (la que representan exclusivamente como nuclear), que marcaban el pasaje de la infancia a la vida adulta «normal» signada por la conducta heterosexual, la formación de la propia familia y la integración productiva al mundo social (Bonder, 1999).

En algunas teorías estos conceptos son manejados como sinónimos y en otras se hacen distinciones a partir de elementos relacionados con cambios psicofísicos o con determinados momentos significativos que comúnmente se presentan en ese momento de la vida (el inicio de la vida sexual, la elección de proyecto de vida, etc.).

Esta corriente ha sido influenciada fuertemente por el psicoanálisis, la psicología del desarrollo (Lidz, 1973) y los estudios sociológicos de corte funcionalista.

Retoman en gran parte la visión positivista del desarrollo humano, centrándose en los cambios hormonales y fisiológicos de la persona en lo que definen como «adolescencia».

Desde esta visión, es «normal» que las niñas y las jóvenes tengan dificultades en la relación con la madre, en la relación entre mujeres, por las cuestiones de competencia por los hombres.

Esta perspectiva ha evolucionado, y los estudios feministas han aportado mucho a ubicar los sesgos de género en los estudios sobre la «normalidad» en la juventud y adolescencia de las mujeres.

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